domingo, 15 de agosto de 2010
Modelos de poesías para bodas
Comenzar se trata de no olvidar, comenzar se trata de aprender a amar. Comenzar es entregar, comenzar es poder dar algo más, comenzar es inseguridad que no nos lleva a ningún lugar. Comenzar es madurar Es vivir todos los días un poco más.
Un camino marcado con pétalos de flores, alumbrado con la luz de las velas más perfumadas, palabras que serán tiernamente pronunciadas. Como el cantar de mil hadas encantadas, un listón blanco que sostenga su cabello, una rosa roja colocada en mi pecho, una escalera luminosa que nos conduzca hasta el cielo. Precioso sitio en donde perderemos nuestros miedos, acompáñame a celebrar el amor sublime, donde compartiremos un encuentro irrepetible, la fantasía perfecta de un evento sagrado Donde todo lo sentido será contado.
La vida es amor, disfrútalo. La vida es una promesa, cúmplela. La vida es tristeza, recupérate de ella. La vida es una oportunidad, no la dejes escapar. La vida es un desafío, tómalo en tus manos y supéralo. La vida es un sueño, lucha para que se haga realidad. La vida es un deber, simple con él. La vida es un juego, diviértete. La vida es un tesoro, protégelo. La vida es una riqueza, apréciala. La vida es felicidad, vive y merécela.
Un camino marcado con pétalos de flores, alumbrado con la luz de las velas más perfumadas, palabras que serán tiernamente pronunciadas. Como el cantar de mil hadas encantadas, un listón blanco que sostenga su cabello, una rosa roja colocada en mi pecho, una escalera luminosa que nos conduzca hasta el cielo. Precioso sitio en donde perderemos nuestros miedos, acompáñame a celebrar el amor sublime, donde compartiremos un encuentro irrepetible, la fantasía perfecta de un evento sagrado Donde todo lo sentido será contado.
La vida es amor, disfrútalo. La vida es una promesa, cúmplela. La vida es tristeza, recupérate de ella. La vida es una oportunidad, no la dejes escapar. La vida es un desafío, tómalo en tus manos y supéralo. La vida es un sueño, lucha para que se haga realidad. La vida es un deber, simple con él. La vida es un juego, diviértete. La vida es un tesoro, protégelo. La vida es una riqueza, apréciala. La vida es felicidad, vive y merécela.
Este Bergson es un tuno;¿verdad, maestro Uhamuno?
Bergson no da como aquel
Immamuel
él volatín Inmortal;
este endiablado judío
ha hallado el libre albedrío
dentro de su mechinal.
No está mal:
cada sabio, su problema
y cada loco, su tema.
Algo importa
que en la vida mala y corta
que llevamos
libres o siervos seamos;
mas, si vamos
a la mar,
lo mismo nos han de dar.
¡Oh, estos pueblos! Reflexiones,
lecturas y acotaciones
pronto dan en lo que son:
bostezos de Salomón.
¿Todo es
soledad de soledades,
vanidad de vanidades,
que dijo el Eclesiastés?
Mi paraguas, mi sombrero,
mi gabán... El aguacero
amaina... Vámonos, pues.
Mi corazón se ha dormido?
Colmenares de mis sueños
¿ya no labráis? ¿Está seca
la noria del pensamiento,
los cangilones vacíos,
girando, de sombra llenos?
No, mi corazón no duerme.
Está despierto, despierto.
Ni duerme ni sueña, mira,
los claros ojos abiertos,
señas lejanas y escucha
a orillas del gran silencio
¿ya no labráis? ¿Está seca
la noria del pensamiento,
los cangilones vacíos,
girando, de sombra llenos?
No, mi corazón no duerme.
Está despierto, despierto.
Ni duerme ni sueña, mira,
los claros ojos abiertos,
señas lejanas y escucha
a orillas del gran silencio
POESÍAS COMPLETAS
ANTONIO MACHADO
Misterioso y silencioso
Iba una vez y otra vez,
Su mirada era tan profunda
que apenas se podía ver.
Cuando hablaba tenía un dejo
De timidez y de altivez.
Y la luz de sus pensamientos
Casi siempre se veía arder.
Era luminoso y profundo
Como era hombre de buena fe.
Fuera pastor de mil leones
Y de corderos a la vez.
Conduciría tempestades
O traería un panal de miel.
Las maravillas de la vida
Y del amor y del placer,
Cantaba en versos profundos
Cuyo secreto era de él.
Montado en un raro Pegaso,
Un día al imposible fue.
Ruego por Antonio a mis dioses,
Ellos le salven siempre. Amén.
Misterioso y silencioso
Iba una vez y otra vez,
Su mirada era tan profunda
que apenas se podía ver.
Cuando hablaba tenía un dejo
De timidez y de altivez.
Y la luz de sus pensamientos
Casi siempre se veía arder.
Era luminoso y profundo
Como era hombre de buena fe.
Fuera pastor de mil leones
Y de corderos a la vez.
Conduciría tempestades
O traería un panal de miel.
Las maravillas de la vida
Y del amor y del placer,
Cantaba en versos profundos
Cuyo secreto era de él.
Montado en un raro Pegaso,
Un día al imposible fue.
Ruego por Antonio a mis dioses,
Ellos le salven siempre. Amén.
sábado, 14 de agosto de 2010
Mujeres buscan hombres
Hay que destacar, en primer lugar, la organización de su lenguaje. Aquellos escritores que logran un orden en el interior de ese laberinto que supone ser la palabra y su conjunto en la búsqueda del Arte, aquellos escritores que logran un orden, decía yo, han pasado la barrera y han llegado a la meta. Con mayor o menor superioridad que los demás. Pero eso no viene a cuento.
Estaba yo leyendo, antes de entrar en el mundo literario de la autora, un libro sencillo de Mario Benedetti. En realidad, todos los libros del escritor uruguayo son sencillos. ¿Por qué? Pues porque Mario Benedetti es un escritor que elabora, que trabaja con paciencia el lenguaje, hasta reducirlo a un estado de sencillez. Bien entiende pues el autor de La tregua el valor de lo sencillo.
La cosa es que pasé de una sencillez a otra. De Benedetti a Lita Pérez Cáceres.
Así pues, leyendo las sencillas cartas de amor de la autora, me sentí atrapada por unas palabras rumorosas, exactas y obedientes a la estrategia armada en torno a un idilio, a un suspenso amoroso, a un tiempo de pasión. En otras palabras, leyendo Cartas de amor y otros cuentos -un libro exquisito-, me topé con la caldera del amor, los sinsabores de la espera, la ilusión hecha trocitos de papel.
No hay cosa mejor contada que aquella que se cuenta con sencillez. Y cuesta contar con sencillez. No es mérito de todos los escritores la palabra sencilla.
Y estaban esos otros relatos. Esas figuras “arreadas” por el destino que daban vida al cuento “Lejos del paraíso”. “Los tres caminan con dificultad en medio de espinas y ramas que los lastiman, Rosario trata de no escuchar los ruidos que los acompañan, el sonido de insectos asombrados, de serpientes deslizándose en las ramas, de zorritos ocultándose”.
Pero volvamos a las cartas. Esas cartas son como un diario, en determinado momento. Cuántas vidas con sus afanes, cálculos, desilusiones y desencantos pasan por ellas.
Debo confesar que leí las cartas en estado de suspenso.
¿Qué pasaría después con Rosita?
Y tan preciosa que estaba la carta dirigida a Pedro.
Hay dos epístolas que merecen especial atención.
Me refiero a las “escritas” supuestamente por dos presencias femeninas de renombre: Josefina Plá y Matilde Urrutia.
Un detalle: crear suspenso no es arte fácil.
Que Lita Pérez Cáceres pueda despertar en el lector ese interés por ir tras las palabras, por hojear la página, por querer saber más, más y más, indica que la flecha literaria de la artista cayó en el sitio exacto.
La tensión con que las palabras y las frases fueron movidas, para recrear una situación dramática, una circunstancia inesperada, muestra la habilidad que a la escritora le acompaña.
bibliografia
La literatura de Perú ha sido enriquecida, a lo largo de los años, por el trabajo de numerosos autores, pero no son muchos los que han tenido el privilegio de quedar en la historia como exponentes destacados. Carlos Oquendo de Amat, quien nació en Puno el 17 de abril de 1905, es uno de los integrantes de este selecto grupo.
Pese a haber sido criado en un ambiente altiplánico,Oquendo consiguió entrar en contacto con las vanguardias literarias de la época y, tras el fallecimiento de sus padres, decidió instalarse enLima para establecer allí nuevos vínculos que le permitieran hacer más sencillo el camino que había elegido para ganarse la vida.
En la capital de su país pasó hambre y miseria, pero pudo cumplir su sueño de convertirse en escritor. Su colega Xavier Abril lo ayudó a relacionarse con elambiente literario de la región y así llegó a conocer a Manuel Beingolea, quien no tardaría en convertirse en su amigo y benefactor.
“5 Metros de poemas” es el nombre elegido para dar a conocer el único trabajo que publicó en vida este poeta que, con sólo 21 años de edad, logró demostrar su talento para la creación de versos. Hoy en día, este material es señalado como la obra vanguardista más destacada del Perú.
Táctica y estrategia
Marío Benedetti
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.
Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.
Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.
Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
And the translation :D
Tactics and strategy
My tactics are
to look at you
to learn how you look like
to love you as you are.
My tactic is
to speak to you
and to listen to you
to construct with words
an indestructible bridge.
My tactic is
to stay in your memory
I do not know how I do not even know with what pretext
but to saty in you.
My tactics are
to be a Honest and to know that you are honest too
and that we do not bandage ourselves with simulations
so that between the two
there is no curtain
not even abysses.
My strategy is
on the other hand
deeper and simpler.
My strategy is
that one day
I do not know how I do not even know with what pretext
finally you will need me.
Cuento breve
Cuento breve
Mario Benedetti
Aquel túnel que había sido del ferrocarril y que llevaba ya varios años de clausura, siempre había tenido para los niños (y no tan niños) de San Jorge un aura de misterio, alucinación y embrujo, que ninguna explicación de los mayores era capaz de convertir en realidad monda y lironda. Siempre aparecía alguno que había visto salir del túnel un caballo blanco y sin jinete, o, en algún empujón de viento, una sábana pálida y sin arrugas que planeaba un rato como un techo móvil y se desmoronaba luego sobre los pastizales.
En ambas bocas de la tenebrosa galería, unos sólidos cercos de hierros y maderas casi podridas impedían el acceso de curiosos y hasta de eventuales fantasmas.
Pasó el tiempo y aquellos niños fantasiosos se fueron convirtiendo en padres razonables que a su vez engendraron hijos fantasiosos. Un día llegó el rumor de que las líneas del ferrocarril serían restauradas y la gente empezó a mirar el túnel como a un familiar recuperable. Seis meses después del primer rumor fueron retirados los cercos de hierro y madera, pero todavía nadie apareció para revisar los rieles y ponerlos a punto.
¿Recuerdan ustedes a Marquitos, el hijo de don Marcos, y a Lucas junior, el hijo de don Lucas? El túnel había sido para ambos un trajinado tema de conversación y especulaciones, y aunque ahora ya habían pasado la veintena, continuaban (medio en serio, medio en broma) enganchados a la mística del túnel.
- ¿Viste que aún ahora, que está abierto, nadie se ha atrevido a meterse en ese gran hueco?
- Yo voy a atreverme –anunció Marquitos, con un gesto mas heroico del que había proyectado. A partir de ese momento, se sintió esclavo de su propio anuncio.
Menos intrépido, Lucas junior lo acompañó hasta el comienzo (e el final, vaya uno a saber cuál era la correcta viceversa) del insinuante bosque. Marquitos se despidió con una sonrisa preocupada.
A los quince o veinte metros de haber iniciado su marcha, se vio obligado a encender su potente linterna. Entre los rieles y la maleza invasora se deslizaban las ratas, algunas de las cuales se detenían un instante a examinarlo y luego seguían su ruta.
Por fin apareció una figura humana, que parecía venir a su encuentro con un farol a querosén.
- Hola –dijo Marquitos.
- Mi nombre es Servando –dijo el del farol. – Dicen que soy un delincuente y por eso escapo. Me acusan de haber castigado a una anciana cuando en realidad fue la vieja la que me pegó. Y con un palo. Mirá como me dejó este brazo.
El tipo no esperó ni reclamó respuesta y siguió caminando. Dentro de un rato, pensó Marquitos, le dará la sorpresa a Lucas junior.
El siguiente encuentro fue con una mujer abrigada con un poncho marrón.
- Soy Marisa. Mucho gusto. Mi marido, o mejor dicho mi macho, se fue con una amante y mis dos hijos. Sé que lo hizo para que yo me suicide. Pero está muy equivocado. Yo seguiré hasta el final. ¿Usted querría suicidarse? ¿O no?
- No, señora. Yo también soy de los que sigo.
Ella lo saludó con un ¡hurra! Un poco artificial y alejó cantando.
Durante un largo trayecto, como no aparecía nadie, Marquitos se limitó a seguir la línea de los rieles.
Luego llegó el perro con ojos fulgurantes, que más bien parecían de gato. Pasó a su lado, muerto de miedo, sin ladrar ni mover la cola. El amo era sin duda el personaje que lo seguía, a unos veinte metros.
- No tenga miedo del perro. Esta compacta oscuridad lo acobarda. A la luz del día sí es temible. Su nómina de mordidos llega a quince, entre ellos un niño de tres años.
- ¿Y por qué no lo pone a buen seguro?
- Lo preciso como defensa. En dos ocasiones me salvó la vida.
El recién llegado miró detenidamente a Marquitos y luego se atrevió a preguntar:
- Usted, ¿vive en el túnel?
- No. Por ahora, no.
- A usted que anda sin perro, muy campante, sólo le digo: tenga cuidado.
- ¿Ladrones?
- También ladrones.
- ¿Ratas?
- También ratas.
No dijo nada más, y sin siquiera despedirse, se alejó. El perro había retrocedido como para rescatarlo. Y lo rescató.
Marquitos permaneció un buen rato, quieto y silencioso. La muchacha casi tropezó con él. Su gritito acabó en suspiro.
- ¿Qué hace aquí? –Preguntó ella, no bien salida del primer asombro.
- Estoy nomás. ¿Y usted?
- Me metí aquí para pensar, pero no puedo. Las goteras y las ratas me distraen. Tengo miedo de quedarme dormida. Prefiero esta duermevela.
- ¿Y por qué no retrocede?
- Sería darme por vencida.
- ¿Quiere que la acompañe?
- No.
- ¿Necesita algo?
- Nada.
- Me sentiré culpable si la dejo aquí, sola, y sigo caminando.
- No se preocupe. A los solos vocacionales, como usted y yo, nunca nos pasa nada.
- ¿Puedo darle un beso de adiós?
- No, no puede.
Caminó casi una hora más sin encontrar a nadie. Se sentía agotado. Le dolían todas las bisagras y el pescuezo. También las articulaciones, como si fuera artrítico.
Cuando llegó al final, había empezado a lloviznar. Se refugió bajo un cobertizo, medio destartalado. De pronto una moto se detuvo allí y cierto conocido rostro veterano asomó por debajo de un impermeable.
Era Fernández, claro, viejo amigo de su padre. El de la moto le hizo una seña con el brazo y le gritó:
- ¡Don Marcos! ¿Qué hacés ahí, tan solitario?
- Eh, Fernández. No confunda. No soy don Marcos, soy Marquitos.
- No te hagas el infante, che. Nunca vi un Marquitos con tantas canas. ¿O te olvidás que fuimos compañeros de aula y de parranda?
- No soy don Marcos. Soy Marquitos.
- En todo caso, Marquitos con Alzheimer.
- Por favor Fernández, no se burle. Acabo de salir del túnel. Lo recorrí de cabo a rabo.
- Ese túnel vuelve locos a todos. Deberían clausurarlo para siempre.
- No soy don Marcos. Soy Marquitos. Justamente voy ahora en busca de mi viejo.
- Sos incorregible. Desde chico fuiste un payaso. Tomá, te dejo mi paraguas.
La moto arrancó y pronto se perdió tras la loma. Mientras tanto, en el cobertizo, sólo se oía una voz repetida, cada vez más cavernosa:
- ¡Soy Marquitos! ¡Soy Marquitos!
Por fin, cuando emergió del túnel un caballo blanco, sin jinete, y se paró de manos frente al cobertizo, Marquitos se llamó a silencio y no tuvo más remedio que mirarse las manos. A esa altura, le fue imposible negarlo: eran manos de viejo.
Cuento extraído de “Insomnio y duermevelas”, libro de poemas de Mario Benedetti.
El Otro Yo Marío Benedetti
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el proposito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
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